(Mi viaje onírico)
Mi canto grito a la Luna que una noche me embelesó el influjo de la luz lejana de un Faro.
He paseado por esos lugares prohibidos de la Inmensidad Fría, que ni a los más ancianos les está permitido frecuentar. Todos temen a esos parajes recónditos donde la Luna se enlaza con el Sol y se confunden
He viajado de noche y no lo he hecho sola,
he visitado la Ciudad perdida y he encontrado en ella el sentir de los “naceres”.
Aquella noche que no caminé sola, pequé en el más profundo mandamiento, consumiendo vanamente mi rabia en no perder el equilibrio de las cosas.
Bebió de mi boca ese Ser
Y una gota quedó pendiendo de mis labios,
Sabor a Sal y a metal entremezclados.
Caminó a mi lado impregnando mi mente con la huella de su paso,
acariciando mi cuerpo con pezuñas antiguas,
dejando entrever a la bestia y le observé cautivada,
haciéndome sentir en cada instante Devoción,
Dolor y Lujuria, luchando contra él, ¡con él!.
El imperio lunar desbordó una tormenta de luz en las estrellas, reflejándose en ellas como si fueran espejos.
Su ojo ancestral guiñó a mi extraño compañero, media Luna erguida en el cielo,testigo de nuestro juego, dibujó las sombras de una Danza Secreta.
Un susurro lejano como la luz del Faro que me condujo a este remoto lugar surgió del corazón de la gran Meseta de Leng y contemplé Todo de repente, los inmensos monolitos que albergan el Templo de piedra al que nunca alcanzaré a entrar.
Tan solo cuando Aldebarán brilló, descubrí la marca de un perro alado en su pecho y la gota que había dejado en mi boca brotó de mi mirada, bajé la guardia, rebelde a las tradiciones y vislumbré los laberínticos pasadizos que relatan la historia de una Ciudad más antigua que la humanidad.
La sangre emana de una herida, palpita la tierra de los Antiguos y la penumbra solloza.
Luego desperté en mi lecho y recordé las palabras que conformaban el susurro de la Ciudad de Piedra que decía “Tekelili Tekelili”.
Nedjma
Nedjma

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